La naturaleza de la magia
Lo sobrenatural no es una fuerza fácil de manejar. Resulta difícil explicarle a aquéllos cuya ductilidad para estos menesteres es escasa o que no han recibido formación la sensación que provoca la magia; hay quienes han establecido un vínculo entre ella y las aguas de un océano de proporciones gigantescas que quedó atrapado dentro de una burbuja situada más allá del mundo que conocemos.
El hechicero o sacerdote hacen que aparezcan fisuras en la superficie de la burbuja, a través de las que fluye la magia, y es la habilidad de quien la maneja la que controla el flujo y hace que sirva al uso que corresponde.
Cada forma de vida de nuestro mundo cuenta con la capacidad para provocar tal fisura, aunque la mayoría no puede obtener más que unas pocas partículas de magia, lo que está muy por debajo del nivel mínimo que se necesita para realizar hechizos sencillos. Por lo tanto, es como si esta persona no con aptitud alguna para la magia. Aquéllos que cuentan con mayores aptitudes pero que jamás han recibido ninguna formación respecto de la magia provocan fisuras sin querer, y la magia que fluye hacia ellos se hace difícil de controlar. (Y en caso de que no exista ningún —o, si existe, es escaso— control, resulta dudoso que tenga algún efecto perceptible. A menos que, claro está, lo que haya es control subconsciente, que es lo que a menudo ocurre con quienes tienen poder pero que no han recibido instrucción, y es así que por lo general los resultados son catastróficos.)
Llamamos nivel taumatúrgico —o NT— a esta capacidad que tiene una persona para conservar
partículas de magia. No es un don de nacimiento, pero se puede ir modificando y desarrollando si se recibe instrucción y se adquiere experiencia. El entendimiento por parte del hechicero respecto del fluido de la magia le es útil a efectos de manejar mejor el influjo, a la vez que la utilización constante de esa facultad de conservación lo hace más sólido. Respecto de esto último, el NT es similar a la fortaleza muscular: la ejercitación regular aumenta la fuerza física, de la misma manera que la ejercitación de las facultades mágicas aumenta el NT.
Cuanto mayor sea el NT, más poderosos son los hechizos que puedan realizarse. Resulta evidente que cada hechizo implica la pérdida de las partículas de magia que se tienen, de tal forma que el hechicero tendrá que reponer sus reservas. Por desgracia, para ello se necesita tiempo y estar descansado; en condiciones de suma presión, resulta difícil hallar la calma necesaria para la realización controlada de la fisura exacta.
Así, si bien en teoría el hechicero tiene la capacidad de reponer las energías mágicas cada vez que consuma una porción, en el común de los casos se torna imposible debido a factores externos.
Vale aquí hacer el siguiente comentario: según registros históricos, estamos en condiciones de afirmar que en ciertas épocas de la antigüedad resultaba más sencilla la obtención de poderes mágicos; y, en ocasiones, ello era mucho más sencillo. Asimismo, otros registros indican que hubo un tiempo en que implicaba una tarea más dificultosa que en nuestra época. Existen numerosas teorías que explican por qué ello es así, aunque he encontrado puntos flojos en la mayoría. Algunas, por ejemplo, plantean que la piel que recubre la burbuja de la magia aumenta su grosor con el paso del tiempo, lo que aumenta o disminuye el grado de dificultad para realizar fisuras en ella.
Sin embargo, en mi querida Cayaboré contamos con registros que datan de tiempos muy remotos, y es en ellos en los que hemos realizado mediciones del NT de gran cantidad de hechiceros y sacerdotes, como así también de las fisuras que realizaron en la superficie de la burbuja. Según los datos estadísticos, el ancho de las rupturas era igual en todos los casos analizados, si bien el flujo de magia en bruto presentaba variaciones, siendo a veces mayor o menor. Por lo tanto, la piel, para seguir utilizando la metáfora, conserva igual espesor todo el tiempo.
No presenta modificaciones, y aun así las cantidades son diferentes. ¿Por qué ello es así? Tengo para mí que la teoría se relaciona con aquella idea del océano que se halla en el interior de la burbuja, el que se hallaría sujeto a las variaciones de las mareas, bajamar y pleamar, las que se producen conforme a una suerte de ciclo cósmico. Los hechiceros y sacerdotes de Gushémal se hallan en la costa, esforzándose por recoger las aguas sobrenaturales de dicho océano. En la pleamar, se llenan las manos con ellas, en tanto que en bajamar deben contentarse con apenas unas pocas gotas.
Supongo que en esta época nos encontramos en el nivel intermedio; quizás vivamos lo suficiente para ver un cambio a nuestro favor de las mareas de la magia

